Y la paz seguía allí







Dejaron las bicicletas allí mismo. Sí, tenía tiempo, dijo Ellie mientras se alejaban, tiempo de sobra. No era como estar en Rathmoye, en la calle, entre la gente, asustada. Allí reinaba la paz y Ellie, como si estuviera sola, se sentía parte de ese silencio.

Florian sostuvo el alambre de púas para que pasara, y volvió a ayudarla donde había un árbol caído en medio del paseo: cuando le tendió la mano, se tocaron por primera vez, y la paz seguía allí.


William Trevor: Verano y amor





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Juan Medina
Profesor de Teoría Económica
Universidad de Extremadura

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